A BRIEF HISTORY OF ASTURIAN CIDER/ Breve historia de la sidra asturiana

Some scholars claim that the origin of cider dates back to ancient Egypt and Greece, where the term sikera became sicera in Latin and, eventually, sidra or sidre in the Asturian language.

The Romans, in their descriptions of Asturias, already talk about cider and apples, a fruit that represented power, glory and passion for knowledge.
According to Plinio and Estrabon, it seems clear that Asturian people started drinking natural cider (or zytho, as they named it) a century before the beginning of the Christian era.

Cider also appears quoted in medieval documents and, in the 10th century, they mention that certain movable goods were partly paid in cider.
From medieval times until well into the 17th century, cider remained as the quintessential Asturian beverage.

The 18th century is the unmistakable period in which the explosive growth of cider apple orchads takes place, a time when the main agricultural production appears in the first cartographic works.
The apple expansion process at this stage was, in words of Jovellanos, “prodigious” and, at the end of the 18th century, between 50 and 100 per cent of the exported food products corresponded to cider.

The 19th century represents another leap forward for our national drink, due to the overseas emigration, the growth in the Asturian population and the domestic income.
Also at this time, sparkling cider becomes one of the best-known Asturian products, being considered as a kind of popular champagne.

Until the bottling expansion and the widespread use of the glass tumbler, cider was drunk from wooden or ceramic containers. The wooden pitcher was called zapica or canada and the earthen one, tarreña. Another container, made both of wood or clay, was the caciplu or cacipla.

The appearance of the cider bottle is a symbol of industrialization, and a factory to make both bottles and glasses was settled in Gijon at the beginning of the 19th century.
Cider, which started being a farmers drink, turns into a proletarian beverage in the 19th century. Workers and unions gathered in chigres or cider bars, something the middle class looked down on.

Thus, in the 20th century, especially after the arrival of the Spanish dictatorship, cider began to be forgotten and its consumption was restricted to villages.
Though this was also due to the growing taste for coffee shops in the 1950’s, not only trends should be blamed for the decrease in cider consumption. Farmers at this time, discouraged by the cider apple prices, started to abandon the growing of orchads and even, pulled out thousands of trees, which meant an irreversible genetic loss.

The new golden age for cider would come in the mid-70’s, after the dictator passed away. Asturian culture came out from every pore: regional self-government, official language, new place naming, sky blue flag and cider for the new generations.
People returned to cider bars, to cider. And it became unstoppable. As a result, no celebration can be understood without cider in modern Asturias.

Algunos estudiosos sostienen que el origen de la sidra se remonta al Egipto y Grecia antiguos, donde el término “sikera” se convirtió en “sicera” en latín y, finalmente, sidra en asturiano.
Los romanos, en sus descripciones de Asturias, ya nos hablan de la sidra y de la manzana, fruto que representaba el poder, la gloria y la pasión por el conocimiento.

Parece claro, según Plinio y Estrabón, que los astures llevan bebiendo sidra (o zytho, como ellos la denominaban) desde un siglo antes del comienzo de la era cristiana.

La sidra también aparece citada en documentos medievales y, en el siglo X, se recoge que parte del precio de determinados bienes muebles se paga en sidra.

Desde la época medieval hasta bien entrado el siglo XVII, la sidra continuó siendo la bebida asturiana por excelencia.

El siglo XVIII es el momento inequívoco de la gran expansión del manzano de sidra, época en la que se recogieron las principales producciones agrícolas y sus extensiones en los primeros trabajos cartográficos de Asturias.

El proceso de expansión de la manzana en esta época fue “prodigioso”, en palabras de Jovellanos y a finales del siglo XVIII, del total de productos alimentarios exportados, entre un cincuenta y un cien por cien correspondía a la sidra.
El siglo XIX representa otro salto hacia delante de nuestra bebida nacional, debido a la emigración ultramarina, al aumento de la población asturiana y de la renta interior.

También en esta época la sidra achampanada se convierte en uno de los productos más conocidos de Asturias, encontrándonos así ante una suerte de cava popular.

Hasta la extensión del embotellamiento y la generalización del vaso de vidrio, los recipientes para beber sidra eran de madera o de cerámica. La jarra de madera era llamada zapica o canada y la de barro, tarreña. Otro recipiente para la sidra, tanto de madera como de barro era el caciplu o cacipla.

La aparición de la botella de sidra es símbolo de industrialización, instalándose en Gijón, a principios del siglo XIX, un horno para fabricar tanto las botellas como los vasos.

La sidra, que empezó siendo una bebida campesina, se transforma a mediados del siglo XIX en proletaria. En los chigres o bares se congregaban los obreros y sindicatos, cosa no muy bien vista por la burguesía de la época.

Así, en el siglo XX, y especialmente tras la llegada de la dictadura, la sidra fue cayendo en el olvido y su consumo se redujo a las aldeas.

Aunque a este aspecto contribuyó también el creciente gusto por las cafeterías en los años 50, no sólo se debe achacar a las modas el descenso en el consumo de sidra. En esta época, los agricultores, desanimados por el precio de la manzana de sidra, fueron abandonando el cultivo de las pomaradas e, incluso, arrancando millares de árboles, lo cual supuso una pérdida genética irreversible.

La nueva era dorada de la sidra llegaría a partir de mediados de los años setenta, tras la muerte del dictador. Lo asturiano salía por los poros: autonomía para la región, lengua oficial, nueva toponimia, bandera azul celeste y sidra para las nuevas generaciones.

Se retornó al chigre, a la sidra. Y ese retorno fue imparable. De tal modo, que hoy en día, en Asturias, no se puede entender la fiesta sin sidra.

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